Zariel Ramirez Stahl, in memoriam

Hijo…hijo amado…hijo querido, mi hijito

(…)

Ella fue tu primer mundo, un mapa de venas y sacrificio.

Llevó en su vientre un destino que ya pesaba como el plomo,

aceptando que sus huesos se volvieran frágiles,

y que su piel se rasgara en surcos de plata para darte sitio.

¡Aún sabiendo, que estaba construyendo una casa para la despedida!

LLEGASTE!!!… y en ese encuentro, donde el tiempo se hace eterno,

escogimos mirarte y sostenerte sin cobardía,

porque hay brazos que NO pueden retener, pero arrullan el alma.

Por eso, cambiamos nuestras ropas por la levedad de tu ser,

y mientras descendías en temperatura,

nuestro calor, un faro en la noche, te envolvió para que el tránsito NO fuera gélido,

sino el ECO ETERNO del amor que te tejió.

«Solo» para que supieras que ¡NUNCA! estuviste sólo:

te fuiste con el cuerpo lleno de caricias, dejándonos el alma marcada, y

EL ORGULLO DE HABER SIDO TUS PADRES en la tormenta.

Con eterno amor: Papá