Category Archives: Padres

En esta sección puedes encontrar testimonios de padres que se les ha muerto un hijo durante la gestación o poco después. Si quieres, como padre, familiar o amigo, puedes compartir con nosotros cual fue tú experiencia (hazlo en la pestaña contacta). Pretendemos que sirva para mejorar la actuación de los profesionales, y el apoyo que os prestan los familiares y amigos. Siempre hay profesionales dispuestos a tener en cuenta tu voz y mejorar el servicio que os prestan. También si eres un profesional sanitario puedes compartir tu experiencia: qué cosas hacéis en tu centro de trabajo, cuáles crees que ayudan y cuáles no, cómo se sienten los profesionales…

Mi historia. Pérdida temprana-manejo expectante

El aborto fue el viernes 24 (junio 2011). Justo una semana después de la eco de las 12 semanas. El viernes 17 fuimos a hacernos la eco del primer trimestre y nos dijeron que nuestro bebé llevaba muerto 3 semanas. No me lo podía creer. Yo que en este embarazo estaba tranquila, confiada. Nos hicieron esperar más de una hora antes de hacerla durante la cual estuve tranquila charlando con Fer. Nos mandaron pasar y mientras me tumbaba en la camilla por un momento pensé ¿y si me dicen que algo no va bien? Y automáticamente rechacé ese pensamiento. -“No Marta, confía. Seguro que todo está bien”- me dije. Y llegó la ginecóloga. Mientras miraba le pregunté a Fernando si veía a nuestro bebé. Me sonreía y me decía que sí. Y yo miraba la cara de la gine mientras manejaba el ecógrafo y esperaba a que nos dijera algo. No le pregunté nada porque recuerdo que en la primera eco del embarazo de Martina pregunté y me riñeron diciendo que no interrumpiera mientras miraban y medían. Por eso simplemente miraba la cara de la gine mientras hacía su trabajo esperando que nos dijera. Era una chica joven, rubia, con gafas. En un momento me pareció que ponía mala cara y pensé “no la conoces, no sabes cómo son sus malas caras” y seguí esperando. Y entonces se giró hacia nosotros y nos dijo que lo sentía mucho pero que no tenía buenas noticias, que el bebé no tenía latido. Que el embarazo se había interrumpido en la semana 9. Que aparentemente todo estaba normal, no había ningún motivo aparente que lo justificara, ninguna malformación, sólo que éstas cosas a veces pasan. Me mandó a urgencias. Debía ingresar inmediatamente para provocar que el feto saliera o bien con medicación o si no hacía efecto mediante un legrado. Si esperaba más podía tener una infección, me dijo. Y se marchó. Allí nos dejó. En aquel cuarto a oscuras. Mirándonos en silencio sin poder creer lo que nos acaban de decir, con lágrimas en los ojos. Intentando asimilar que ese bebé nuestro no nacería vivo. Nos abrazamos. Mientras me vestía la enfermera entró a pedirnos que nos diéramos prisa que tenían mucha gente esperando. Salimos a la sala de espera donde la mayoría de familias celebra haber visto a su nuevo miembro. Allí estábamos nosotros esperando de pié en el pasillo nuestro informe con el corazón roto intentando contener las lágrimas para no llamar la atención de la gente. Nos dieron solo el informe. Las imágenes de la ecografía, que la ginecóloga tenía en la mano, no nos las dieron como se hace normalmente, porque estaba muerto.

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CREANDO RECUERDOS TANGIBLES. Por Olaya Rubio (Movimiento Rubén)

Llegaban las navidades, unas navidades sin Rubén. Me dolía y rascaba en el alma. El tiempo pasa y corre sin preguntar…

Hacía no mucho había estado utilizando una aplicación llamada nubes de palabras. Con ella cree gotas, corazones, estrellas y mariposas. Lo más interesante de la aplicación era que tenías que pensar en palabras o frases cortas y yo me puse a pensar en todas aquellas que me recordaban a mi hijo en el tiempo que fuimos un solo ser.

Rubén es conocido por la donación de su leche, pero para mí, su madre, es muchísimas cosas más, me pareció emocionante plasmarlo.

Fue terapéutica la experiencia y muy interesante el resultado.

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Lamentamos tu muerte, Neuquén

Conocimos a Ana en Octubre de 2018, en nuestras III Jornadas-Encuentro. La invitamos para que nos contara su experiencia de amor en la dependencia. Asistió a ella con su esposo e hijos. Neuquén, que falleció ayer, entre ellos. En aquella ocasión, comentamos que los que le escuchamos en aquellas jornadas nos habíamos encontrado mirando la experiencia de dependencia de hijos de una forma diferente y más humanizadora. Donde palabras como crecimiento o promoción personal y familiar, belleza, cooperación, equipo o tribu familiar, misterio, hermandad con otros que sufren fruto de la injusticia….forman parte de esta experiencia y de lo que aportan estas personas a la sociedad.

Hoy lamentamos tu muerte, Neuquén. Un fuerte abrazo a Ana y a toda la familia, en estos momentos de tanto dolor y gratitud.

Publicamos las palabras de Ana de hoy, y un vídeo que nos regala… otro regalo más ojalá avive en nosotros el deseo de mejorar la asistencia sanitaria que prestamos en la enfermedad y dependencia y de hacer una sociedad que acoja, acompañe, camine y haga vida, junto a estas personas y sus familia.

Desde ayer 9 de Julio del 2020, nuestro hijo Neuquén continúa su viaje por un camino en el que ya no necesita que lo acompañemos.

No tenemos palabras para explicar lo que sentimos.

Más allá del inmensísimo dolor, hay una gratitud muy profunda a todo lo que nos ha aportado, transformado, inspirado…

Con tanta vida a tope, con tanto gozo y tantísimo misterio queremos recordarlo con la alegría y el amor que nos ha dado cada día.

Su nacimiento y su partida fueron en casa y en compañía de su familia.

Agradecemos la labor del servicio de emergencias y la calidez del abrazo de nuestros vecinos en el momento de su muerte.

Pedimos disculpas por no estar respondiendo todas las llamadas y mensajes. Vuestro amor nos llega.

Neuquén, corazón, hijito, tu presencia y tu luz vivirá en nosotros por siempre.
Gracias por tanto compartido en estos 20 años intensos cruzando montañas, ríos y surcando cielos.
Ahora nos toca atravesar el abismo.

Te amamos.

Ana, Jorge, Milla y Alén

P.S: si desean sumarse a su recuerdo les compartimos su canción favorita que es un regalo a seguir adelante.
https://www.youtube.com/watch?v=UKO-j1KmWng&t=6s

Fuente: https://es-es.facebook.com/AnaAlvarezErrecaldeArt/

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Así fueron nuestras III Jornadas-encuentro: Avanzando en la asistencia sociosanitaria al duelo perinatal.

Familias en duelo cuentan su experencia

Familias en duelo cuentan su experiencia personal y lo que aportan los grupos de apoyo mutuo. Agradecemos a la UNED esta entrevista. Creemos que puede ser un servicio a familias en duelo y a profesionales.

TODO ES POSIBLE

11 de julio de 2012, 39+2 semanas de gestación, me encuentro haciendo la comida y Diego no se mueve, me siento a comer y sigue sin moverse, me tumbo en el sofá y le pongo su música, esa con la que se mueve nada más oír, y sigue sin moverse.

En aquel momento lo tuve claro y llorando llame a una amiga para que me llevara al hospital. Llegamos, paso a una sala de paritorios, me ponen las correas y no se oye, me dicen que van a llamar al ginecólogo que las correas hay veces que no funcionan. Aún me resigno aunque se la verdad, llega el ginecólogo y me dice las temidas palabras: no hay latido. Mi mundo se empieza a derrumbar, me ingresan, llega mi marido, lloramos y avisamos a familiares directos.

Nos dicen que parto natural, que alguien de la familia tiene que verle y empieza la toma de decisiones: al parto entrare yo sola (la única decisión que tomé por mi misma y de la única que no me arrepiento), verle le verán mi madre y mi hermana, queremos autopsia para saber que ha pasado y renunciamos al cuerpo , que se haga cargo el hospital.

El 13 de julio a las 10:35 nacía Diego sin vida, según salía de mi cuerpo pensé: es tu hijo, como no le vas a ver y me entró miedo, mucho miedo…… no le vi. Continue reading

Duelo perinatal Pérdidas y duelos clandestinos. Manejo expectante en la muerte de mi primera hija.

Soy mujer. Soy psicóloga. Estoy formada, entre otras cosas, en psicología perinatal y en duelo. Acompaño a mujeres y familias desde hace más de 11 años.

Tengo 39 años, en mayo de 2020 cumpliré 40.

Hasta ahora nunca había gestado.

Mi deseo de maternidad ha recorrido un viaje oscilante que ha ido desde un deseo automático incrustado en mí solo por el hecho de ser mujer, a un deseo más conformado sobre el “cómo sí” y sobre el “no a toda costa”. Sola no. Junto a cualquiera tampoco. No necesito tener hijos o hijas. En caso de querer no necesito que sean biológicos. Sólo si encuentro la forma de compartir el proyecto y si mi cuerpo me lo permite en ese momento. Mi vida en general es satisfactoria aunque no sea madre. Si se da, bien, y si no se da, también bien.

He atravesado todos estos duelos desde mi antigua yo, hasta la actual yo. Han muerto muchos sentires de mí como madre y de mí como no madre.

Mis nociones de lo que implica ser madre también se construyeron desde una inconsciencia-ingenuidad-idealización de “juego de muñecas”. Después, con los años, aterricé en la montaña rusa que implica en la vida de toda mujer eso de tener hijas e hijos. La generosidad de cada mujer que he acompañado me ha nutrido infinitamente en este camino.

Estas historias y estos procesos que vivimos todas las mujeres, cada una a su manera, suele ser algo que se cuenta poco. Los vivimos, sin saberlo, en la clandestinidad. Ni siquiera sabemos que de eso se puede hablar. Sin embargo a todas nos pasan cosas muy similares.

Cuando además lo que sucede, es que eres madre de un bebé que se muere en los primeros meses de embarazo o antes de nacer, la clandestinidad de la vivencia pasa a ser ya lo cotidiano. Son pérdidas y duelos, en muchos casos, no autorizados, no visibilizados y silenciados. Son duelos donde las mujeres viven con más frecuencia de lo que quisiéramos violencia obstrética y sexual y abuso de poder, justo en uno de los momentos más vulnerables que una puede tener. Y eso es absolutamente terrible.

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Mi historia de amor y dolor

Hace unos meses nació sin vida mi hijo a las 39 semanas de gestación.

Todo iba bien, pero un día, al acostarme no noté sus movimientos. Era su momento favorito para hacerme saber que estaba ahí y que estaba bien. Pensé que estaría dormido, porque era imposible que algo le pudiera pasar a esas alturas del embarazo. ¡Qué inocencia!.

Pasé mala noche, despertándome varias veces anhelando sentir la patadita que se negaba a llegar. Por la mañana seguía sin notar sus movimientos, así que decidimos ir a urgencias, con el total convencimiento de que nos dirían que todo estaba bien y podríamos irnos a casa más tranquilos. ¡Qué inocencia!.

Me pasaron con la matrona que intentó escuchar su corazón sin éxito. Una sombra de miedo se cruzó por mi mente, pero la deseché rápidamente. Tal vez el aparato no funcionase bien, porque a mi bebé no le podía haber pasado nada. ¡Qué inocencia!.

La ginecóloga comenzó a hacerme una ecografía, estaba tardando bastante, pero fueron sus palabras las que me hicieron entender lo que hasta entonces no había querido ver. Me preguntó : “¿Has venido sola? ” Y no hizo falta decir nada más. Fui consciente por primera vez de que mi hijo había muerto. Mi mundo se derrumbó y mi inocencia se esfumó para siempre, dando paso a un sentimiento de culpabilidad que todavía hoy me persigue. “Tenía que haber venido antes” “Seguro que lo podía haber evitado” “Mi misión era protegerle y no he sido capaz de hacerlo”.

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La nana que yo te escribo

La nana que yo te escribo  querría despertarte.

Imposible, lo sé. 

Sigo  sitiada por aquel mes de marzo. Nunca una primavera fue tan cruel. 

Sigue habiendo un tiempo detenido en mi pecho, 

un vientre vacío.  

Un paritorio en silencio. 

Solo yo  para llorarte, y tú, tú tan pequeña.

No se nos dio  ni una oportunidad. 

Si hubo un porqué,  nadie lo dijo. 

Si existió consuelo,  me lo arranqué de cuajo. 

Al recordarlo sigue haciendo muchísimo frío, 

pero la nana que te escribo es necesaria

 para recordarte

 devolverte  a la vida que aún te espera

y despedirte,

al menos en el tiempo  de este poema y mi memoria.   

Carmen Quinteiro. Bajo la lluvia no pesan las historias.   

El día que volví a ver a mi hija

Yo pensaba que no iba a poder ser, que no tendría esa suerte. Doy gracias por haberme vuelto a equivocar.

En Mayo de este año me di cuenta de que no haber hecho fotos a mi hija el día del parto me estaba pesando demasiado y que necesitaba hacer lo posible por volverla a ver. Ya hacía un año que sabía que existía la posibilidad de pedir las fotos de la autopsia, si es que se hicieron, y que no había nada que me impidiera tenerlas si así lo deseaba. Me armé de valor y lo hice, abrí el navegador y busqué el formulario de contacto del hospital que me atendió y mandé un correo a atención al ciudadano contando mi historia y preguntando cómo había de proceder para saber si esas fotos existían y cómo pedirlas.

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Mi amor en una caja

“Este proyecto es una “caja de recuerdos” para elaborar el duelo. Nace de la terrible travesía por el duelo perinatal que estamos viviendo y cuya peculiaridad es justo esa: que no hay recuerdos”. Así lo escribe Antonia en la web del proyecto.

Clica en el siguiente enlace para visualizar este proyecto que nace de la experencia de muerte de su hijo (Félix) durante el parto:

Sobre este proyecto artístico

Me llamo Antonia y he perdido un hijo.

Hace unos meses al presentarme a alguien, puede que hubiera dicho: “Me llamo Antonia y soy profesora de Arquitectura Efímera en una Escuela de Arte”, o tal vez: “Me llamo Antonia y vivo en Córdoba”, o quizás: “Me llamo Antonia y estoy enamorada”, pero nunca pensé que la muerte de mi bebé me definiría. Ahora estoy segura de que ya nunca lo podré disociar de mi persona.

Me llamo Antonia Cobo y el 24 de Abril de 2019 falleció el bebé que esperábamos Jesús Melendo y yo, justo el día que le tocaba nacer. Estábamos ya en el hospital, en la habitación, a escasos minutos de la cesárea, y contra toda lógica, a Félix se le paró el corazón, en el transcurso de salir de una prueba de monitores y ponerme el camisón.

Así, sin más.

Desde entonces, somos funambulistas que cada día se esmeran en mantener el equilibrio.

Si te apetece ponerte en contacto conmigo, puedes escribir un comentario o hacerlo en este correo.