Category Archives: Padres

En esta sección puedes encontrar testimonios de padres que se les ha muerto un hijo durante la gestación o poco después. Si quieres, como padre, familiar o amigo, puedes compartir con nosotros cual fue tú experiencia (hazlo en la pestaña contacta). Pretendemos que sirva para mejorar la actuación de los profesionales, y el apoyo que os prestan los familiares y amigos. Siempre hay profesionales dispuestos a tener en cuenta tu voz y mejorar el servicio que os prestan. También si eres un profesional sanitario puedes compartir tu experiencia: qué cosas hacéis en tu centro de trabajo, cuáles crees que ayudan y cuáles no, cómo se sienten los profesionales…

TODO ES POSIBLE

11 de julio de 2012, 39+2 semanas de gestación, me encuentro haciendo la comida y Diego no se mueve, me siento a comer y sigue sin moverse, me tumbo en el sofá y le pongo su música, esa con la que se mueve nada más oír, y sigue sin moverse.

En aquel momento lo tuve claro y llorando llame a una amiga para que me llevara al hospital. Llegamos, paso a una sala de paritorios, me ponen las correas y no se oye, me dicen que van a llamar al ginecólogo que las correas hay veces que no funcionan. Aún me resigno aunque se la verdad, llega el ginecólogo y me dice las temidas palabras: no hay latido. Mi mundo se empieza a derrumbar, me ingresan, llega mi marido, lloramos y avisamos a familiares directos.

Nos dicen que parto natural, que alguien de la familia tiene que verle y empieza la toma de decisiones: al parto entrare yo sola (la única decisión que tomé por mi misma y de la única que no me arrepiento), verle le verán mi madre y mi hermana, queremos autopsia para saber que ha pasado y renunciamos al cuerpo , que se haga cargo el hospital.

El 13 de julio a las 10:35 nacía Diego sin vida, según salía de mi cuerpo pensé: es tu hijo, como no le vas a ver y me entró miedo, mucho miedo…… no le vi. Continue reading

Duelo perinatal Pérdidas y duelos clandestinos. Manejo expectante en la muerte de mi primera hija.

Soy mujer. Soy psicóloga. Estoy formada, entre otras cosas, en psicología perinatal y en duelo. Acompaño a mujeres y familias desde hace más de 11 años.

Tengo 39 años, en mayo de 2020 cumpliré 40.

Hasta ahora nunca había gestado.

Mi deseo de maternidad ha recorrido un viaje oscilante que ha ido desde un deseo automático incrustado en mí solo por el hecho de ser mujer, a un deseo más conformado sobre el “cómo sí” y sobre el “no a toda costa”. Sola no. Junto a cualquiera tampoco. No necesito tener hijos o hijas. En caso de querer no necesito que sean biológicos. Sólo si encuentro la forma de compartir el proyecto y si mi cuerpo me lo permite en ese momento. Mi vida en general es satisfactoria aunque no sea madre. Si se da, bien, y si no se da, también bien.

He atravesado todos estos duelos desde mi antigua yo, hasta la actual yo. Han muerto muchos sentires de mí como madre y de mí como no madre.

Mis nociones de lo que implica ser madre también se construyeron desde una inconsciencia-ingenuidad-idealización de “juego de muñecas”. Después, con los años, aterricé en la montaña rusa que implica en la vida de toda mujer eso de tener hijas e hijos. La generosidad de cada mujer que he acompañado me ha nutrido infinitamente en este camino.

Estas historias y estos procesos que vivimos todas las mujeres, cada una a su manera, suele ser algo que se cuenta poco. Los vivimos, sin saberlo, en la clandestinidad. Ni siquiera sabemos que de eso se puede hablar. Sin embargo a todas nos pasan cosas muy similares.

Cuando además lo que sucede, es que eres madre de un bebé que se muere en los primeros meses de embarazo o antes de nacer, la clandestinidad de la vivencia pasa a ser ya lo cotidiano. Son pérdidas y duelos, en muchos casos, no autorizados, no visibilizados y silenciados. Son duelos donde las mujeres viven con más frecuencia de lo que quisiéramos violencia obstrética y sexual y abuso de poder, justo en uno de los momentos más vulnerables que una puede tener. Y eso es absolutamente terrible.

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Mi historia de amor y dolor

Hace unos meses nació sin vida mi hijo a las 39 semanas de gestación.

Todo iba bien, pero un día, al acostarme no noté sus movimientos. Era su momento favorito para hacerme saber que estaba ahí y que estaba bien. Pensé que estaría dormido, porque era imposible que algo le pudiera pasar a esas alturas del embarazo. ¡Qué inocencia!.

Pasé mala noche, despertándome varias veces anhelando sentir la patadita que se negaba a llegar. Por la mañana seguía sin notar sus movimientos, así que decidimos ir a urgencias, con el total convencimiento de que nos dirían que todo estaba bien y podríamos irnos a casa más tranquilos. ¡Qué inocencia!.

Me pasaron con la matrona que intentó escuchar su corazón sin éxito. Una sombra de miedo se cruzó por mi mente, pero la deseché rápidamente. Tal vez el aparato no funcionase bien, porque a mi bebé no le podía haber pasado nada. ¡Qué inocencia!.

La ginecóloga comenzó a hacerme una ecografía, estaba tardando bastante, pero fueron sus palabras las que me hicieron entender lo que hasta entonces no había querido ver. Me preguntó : “¿Has venido sola? ” Y no hizo falta decir nada más. Fui consciente por primera vez de que mi hijo había muerto. Mi mundo se derrumbó y mi inocencia se esfumó para siempre, dando paso a un sentimiento de culpabilidad que todavía hoy me persigue. “Tenía que haber venido antes” “Seguro que lo podía haber evitado” “Mi misión era protegerle y no he sido capaz de hacerlo”.

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La nana que yo te escribo

La nana que yo te escribo  querría despertarte.

Imposible, lo sé. 

Sigo  sitiada por aquel mes de marzo. Nunca una primavera fue tan cruel. 

Sigue habiendo un tiempo detenido en mi pecho, 

un vientre vacío.  

Un paritorio en silencio. 

Solo yo  para llorarte, y tú, tú tan pequeña.

No se nos dio  ni una oportunidad. 

Si hubo un porqué,  nadie lo dijo. 

Si existió consuelo,  me lo arranqué de cuajo. 

Al recordarlo sigue haciendo muchísimo frío, 

pero la nana que te escribo es necesaria

 para recordarte

 devolverte  a la vida que aún te espera

y despedirte,

al menos en el tiempo  de este poema y mi memoria.   

Carmen Quinteiro. Bajo la lluvia no pesan las historias.   

El día que volví a ver a mi hija

Yo pensaba que no iba a poder ser, que no tendría esa suerte. Doy gracias por haberme vuelto a equivocar.

En Mayo de este año me di cuenta de que no haber hecho fotos a mi hija el día del parto me estaba pesando demasiado y que necesitaba hacer lo posible por volverla a ver. Ya hacía un año que sabía que existía la posibilidad de pedir las fotos de la autopsia, si es que se hicieron, y que no había nada que me impidiera tenerlas si así lo deseaba. Me armé de valor y lo hice, abrí el navegador y busqué el formulario de contacto del hospital que me atendió y mandé un correo a atención al ciudadano contando mi historia y preguntando cómo había de proceder para saber si esas fotos existían y cómo pedirlas.

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Mi amor en una caja

“Este proyecto es una “caja de recuerdos” para elaborar el duelo. Nace de la terrible travesía por el duelo perinatal que estamos viviendo y cuya peculiaridad es justo esa: que no hay recuerdos”. Así lo escribe Antonia en la web del proyecto.

Clica en el siguiente enlace para visualizar este proyecto que nace de la experencia de muerte de su hijo (Félix) durante el parto:

Sobre este proyecto artístico

Me llamo Antonia y he perdido un hijo.

Hace unos meses al presentarme a alguien, puede que hubiera dicho: “Me llamo Antonia y soy profesora de Arquitectura Efímera en una Escuela de Arte”, o tal vez: “Me llamo Antonia y vivo en Córdoba”, o quizás: “Me llamo Antonia y estoy enamorada”, pero nunca pensé que la muerte de mi bebé me definiría. Ahora estoy segura de que ya nunca lo podré disociar de mi persona.

Me llamo Antonia Cobo y el 24 de Abril de 2019 falleció el bebé que esperábamos Jesús Melendo y yo, justo el día que le tocaba nacer. Estábamos ya en el hospital, en la habitación, a escasos minutos de la cesárea, y contra toda lógica, a Félix se le paró el corazón, en el transcurso de salir de una prueba de monitores y ponerme el camisón.

Así, sin más.

Desde entonces, somos funambulistas que cada día se esmeran en mantener el equilibrio.

Si te apetece ponerte en contacto conmigo, puedes escribir un comentario o hacerlo en este correo.

Duelo y sentido

Mi bebé estrella me ha enseñado….

El encuentro de Eva con su hijo en el servicio de Anatomía Patológica (tras 6 meses de su nacimiento)

La verdad que había investigado cómo podía ser y lo que vi en Internet era peor que lo que encontré. Ella (Dra Cagigal) le ha preparado muy bien para verlo, lo ha arropado como una persona, me gusta el trato que le ha dado y cómo lo ha presentado.

Lo cierto que es igual que su gemelo, ya se le veían rasgos, sus manos, dedos, sus piernitas, sus pies, sus ojos, boca, nariz… Y al fin he sido totalmente consciente de que no ha sido una mala pesadilla que ha existido que lo que notaba dentro era él, y ahora puedo desvincularle de sus hermanos, he tomado consciencia plena de su existencia, y ahora no sólo lloro un desconcierto, ahora lloro su pérdida, ahora tengo el nudo en la garganta, el dolor interno se ha agudizado, ahora sí que ha comenzado el duelo en su plenitud, siento ese vacío en mi interior y esas ganas de llorar.

Verle me ha ayudado a hacerlo real y a comenzar la etapa dura del duelo, la despedida, el hasta luego.

Ahora se registrará en legajos y en el libro de estadística, me dejaron poner su nombre. Sé que estos datos son puramente estadísticos, pero a mí me reconforta gritar a los cuatro vientos que él es Antonio, aunque sólo lo vea quien recabe los datos, pero para mí el que una sola persona ajena a mi entorno sepa su nombre hace que le haga real, que cuente su existencia, que sepa que existió, que se movió dentro de mí, que su nombre es Antonio y tiene una familia que le quería y quiere mucho.

Muchas gracias de nuevo por ayudarme a dar todos los pasos e indicarme el camino.

También lo he podido coger, tocar, hacer fotos… Y ahora lo puedo mirar cada vez que lo quiera recordar.

Donación de leche tras la muerte de Estel

ESTEL💫, pequeñita nuestra, esta tercera donación nos ha sido muy difícil sin ti.

Cada día que pasa, el vacío que nos dejaste se hace más grande.
Cada día que pasa, nos damos cuenta de todos los sueños rotos.
Cada día que pasa, tenemos más claro que tu ausencia será para siempre.
Cada día que pasa, encendemos las velas que ocupan tu lugar en casa y que nunca dejaremos que se apaguen.

Cada mañana, tarde o noche, el tiempo que dedicamos a llenar los bibis, nos llenan de felicidad, sabemos que estos bibis eran por ti, pero esto nos hace llorar porque cada día nos damos cuenta de que te queremos más y más y tú no estás.

Lo hacemos por ti, lo hacemos para que todo esto es lo que te mereces y merecías.

Escúchanos. Estamos aquí y te dibujaremos, pintaremos, cantaremos y si es necesario te bailaremos, pero todo lo haremos por ti.

Música:
Because of You

1er aniversario de la muerte de Camilo (desde Costa Rica)

A un año de haberle dado la bienvenida y a la vez, la despedida a nuestro Camilo, quisiera compartir todo lo hermoso que nos ha sucedido durante este año y todo lo que hemos podido aprender gracias a él. 

  • La experiencia del plan de parto de Camilo fue tan exitosa con nosotros y con el personal médico que la utilizó, que la Clínica de Cuidados Paliativos del Hospital Nacional de Niños en Costa Rica la ha replicado en 5 hospitales del país, con papás que tuvieron que pasar por la misma experiencia.

 Camilo abrió un caminito para que los papitos que saben que deben despedir a sus bebés, lo puedan planificar como un acto de amor, dentro de todo su dolor. 

  • Camilo y su pequeña historia, es utilizada en los talleres de duelo de nuestros incondicionales amigos de la “Red el hueco de mi Vientre” en España, que siempre está ayudando a que papás como nosotros puedan vivir esta experiencia de la mejor manera.

 No podemos estar más orgullosos de él y de todo lo que hizo, hace y seguirá haciendo desde el cielo; sin embargo, a través de Camilo también hemos sido testigos del largo camino que falta en nuestra sociedad en general para comprender y manejar el duelo de los padres de bebitos y no tan bebitos que han partido.

 Con Camilo aprendimos que…

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