Duelo por no poder tener los hijos que se desean. Causas políticas y económicas

Los nacimientos continúan a la baja en España y alcanzan mínimos. En 2018 nacieron 372.777 niños, la cifra más baja de las dos últimas décadas, según los datos definitivos del movimiento natural de población publicados este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero el desplome también se aprecia en los resultados provisionales de los seis primeros meses de 2019: los 170.074 son la cifra más baja de la serie histórica, que comienza en 1941. La caída se debe a que disminuyen las cohortes de población en edad fértil, pero también a la caída de la fecundidad. Ahí es donde se centran los demógrafos: en 2018 las mujeres tuvieron de media 1,26 hijos, la cifra más baja desde 2002. “Lo importante es que aumenta la brecha entre los niños deseados, en torno a dos, y los que se tienen”, explica Albert Esteve, demógrafo y director del Centro de Estudios Demográficos de Barcelona.

La caída de los nacimientos en España

Los datos trazan la radiografía de un país en el que la pirámide poblacional se estrecha en la base y se ensancha en la punta. Durante los seis primeros meses del año, solo tres comunidades tuvieron un saldo vegetativo positivo, es decir, hubo más nacimientos que muertes (Madrid, Murcia y Baleares, además de Ceuta y Melilla). Los nacimientos únicamente aumentaron en La Rioja en este periodo (5,9%) y en Melilla se registró el mayor descenso (27,6%).

El año pasado fue el cuarto consecutivo en que cayeron los nacimientos en todo el país. Y el cuarto con saldo vegetativo negativo: en 2018 hubo 54.944 muertes más que nacimientos. “Seguirá ocurriendo en los próximos años. Tenemos grupos numerosos de población que van envejeciendo, y aunque vivan mucho y con salud, hay más defunciones”, sostiene Esteve. Coincide la demógrafa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Teresa Castro: “No es una catástrofe. Ocurre desde los setenta en Alemania, donde se compensa con flujos migratorios”. En España, en el primer semestre del año, el 21,5% de los recién nacidos tenían madre extranjera, frente al 20,1% del mismo periodo de 2018.

Media de hijos por mujer

Pero la caída en los nacimientos no solo se observa al comparar los datos definitivos de 2018, sino las cifras del primer semestre de este año, aún provisionales. Entre enero y junio nacieron 170.074 niños, el mínimo de la serie histórica, que comienza en 1941. Los nacimientos llevan cinco años consecutivos disminuyendo en los seis primeros meses del año. Este año, un 6,2% respecto al año anterior. El 21,5% de los recién nacidos en este periodo tenían madre extranjera, frente al 20,1% del primer semestre de 2018.

Esteve insiste en que lo grave no es el saldo vegetativo negativo. Recalca que lo relevante es que la esperanza de vida suba. El año pasado, en una décima, hasta los 83,2 años.

Evolución demográfica

El problema para ambos radica en la caída de la fecundidad. En el desfase entre los deseos reproductivos y la realidad. “No es grave por la idea de que se necesiten niños para salvar el Estado de bienestar, sino porque refleja la dificultad creciente de los jóvenes para llevar a cabo sus planes reproductivos, sus deseos de formar una familia”, sostiene Esteve. “Es irreal pensar que vamos a superar los dos hijos de media por mujer, como en 1980”, dice. Pero cree que sí hay margen de mejora.

Crecimiento vegetativo

“Seguimos entre los países de Europa con la fecundidad más baja. Los últimos datos de Eurostat, de 2017, revelan que la media está en 1,6 hijos por mujer. Pero Francia está en un 1,9 y Suecia en un 1,8. Hay una brecha entre norte y sur”, explica Teresa Castro. “Se debe a dos factores: un mercado laboral con mucha más precariedad e incertidumbre económica y menos políticas de conciliación”, cuenta. “No quiere decir que por subir los permisos de paternidad, automáticamente vaya a aumentar la natalidad. Pero sí está probado que medidas como guarderías gratuitas o a precios asequibles favorecen que se tengan niños”.

Precariedad

“Pensamos que la fecundidad remontaría tras la crisis, pero no ha sido así. Hay más empleo, pero la precariedad sigue ahí“, expone Castro. “Los datos revelan que algo no se está haciendo bien, especialmente en la década de 30 a 40 años. Ahí te lo juegas todo”, añade Esteve. “Reproducirse vale dinero. Puede venir de ayudas y políticas sociales o del propio bolsillo. En EE UU hay una clase media potente que, pese a falta de ayudas, puede sufragar los costes. Los escandinavos tienen buen bolsillo y buenas ayudas. En España, ni lo uno ni lo otro”, continúa. “Si a eso encima le añadimos que las mujeres emplean mucho más tiempo en la crianza, peor lo ponemos”, afirma el demógrafo.

“Independientemente del cambio de valores, que lleva a querer desarrollar aspectos de la vida como los estudios, los viajes, etc., y hace que la gente no tenga hijos a los 20 años, si miramos a partir de los 30, vemos que hay dificultades para tener trabajo estable o para pagar una vivienda“, explica Esteve. “Además, tenemos unos estándares altos a la hora de tener hijos, que son difíciles de cumplir. Pero además, si los jóvenes tardan más en emanciparse [a los 29,5 años de media, frente a los 18,5 de Suecia, según Eurostat] y en vivir en pareja, los niños llegan más tarde”, sostiene. En 2018, la edad media del primer hijo superó por primera vez los 31 años (31,02).

“Se retrasan todas las transiciones vitales. Al tener el primer hijo más tarde, también se pospone la llegada del segundo, si es que llega. Y si se toma la decisión de tener un niño a edades tardías, también aparecen problemas de fertilidad”, señala Castro. “Casi un tercio de los nacimientos corresponde a mujeres de 35 y más años”.

“La sociedad de ahora es diferente a hace unas décadas. Aumenta el número de adultos jóvenes que no desean tener hijos. Pero entre los que no tienen intención de tenerlos, hay quienes señalan que se debe a impedimentos económicos y laborales”, añade esta experta. “Los obstáculos son muy importantes”, sostiene. Ahí está el margen de mejora. Esteve se muestra escéptico. “Puede que en unos años suban los nacimientos, algo ligado al aumento de la población en edad fértil. Soy más pesimista con la fecundidad”, expone. “Si tuviéramos una varita mágica y todas las mujeres que quisieran tener hijos pudieran, hablaríamos de 1,5 o 1,6 hijos por mujer. Pero para ello deben mejorar las expectativas laborales y de emancipación”.

Casi la mitad de los niños son de madres que no están casadas

En España, el 47,2% de los hijos nacidos en 2018 tenían una madre que no estaba casada, según los datos del INE. “Nos situamos así en la media europea. Aunque hay países como Francia o Suecia en que la cifra es mucho más alta”, apunta Teresa Castro, demógrafa del CSIC. “No quiere decir que hayan aumentado desorbitadamente las madres solteras, sino que los tienen sobre todo parejas que viven juntas sin casarse”, añade. “Es un cambio social muy importante respecto a hace 30 años”.

Los datos del primer semestre de 2019, aún provisionales, reflejan esta caída del número de los matrimonios. Fueron 71.980, un 1,2% menos que en el mismo periodo de 2018. Por comunidades autónomas, los mayores descensos se registraron en Cantabria (un 13%), en Murcia (8,3%) y en La Rioja (8,1%). Los mayores aumentos, en Galicia (18,1%), Ceuta (12,7%) y Baleares (2,7%).

Fuente:  https://elpais.com/sociedad/2019/12/11/actualidad/1576066654_423281.html (Importante para ver gráficos)